La ciudad de Acapulco, ubicada en el estado de Guerrero, en México, experimentó una serie de saqueos después del paso del huracán Otis. Hasta el momento, se han reportado más 27 muertos, desaparecidos y graves daños materiales.
El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, mencionó que hubo actos de saqueo «en algunos lugares debido a la situación de emergencia, desorden, caos e incertidumbre» que se vive. Sin embargo, se descarta la implementación de un toque de queda.
Se han difundido videos en las redes sociales que muestran la magnitud de la destrucción y los casos de pillaje, lo que ha generado críticas hacia las autoridades locales por su falta de reacción.
Ante estos saqueos, se desplegaron unidades de seguridad como la Guardia Nacional para patrullar las tiendas y restablecer el orden público. Además, se mantiene la entrega de suministros a las personas afectadas y despejando las vías de tránsito.
Los mercados y tiendas de autoservicio permanecen cerrados, ya que muchos de ellos fueron saqueados por personas en busca de alimentos y otros productos. Algunos residentes se han dirigido a la ciudad cercana de Chilpancingo para abastecerse. Por otro lado, se han formado largas filas en las gasolineras para reponer el combustible de los vehículos. Petróleos Mexicanos (Pemex) ha asegurado que garantizará el suministro de gasolina y diésel en Acapulco y en todo el estado de Guerrero.
La alcaldesa de la ciudad, Abelina López, ha instado a los residentes a acudir a centros de acopio y a enviar alimentos, medicamentos o herramientas para ser redistribuidos entre quienes lo necesitan.
En paralelo, representantes de la Secretaría de Economía se reunieron con líderes empresariales para establecer un plan de suministro y distribución de productos para las personas afectadas. Se enfatizó la importancia de evitar la especulación y el aumento de precios durante este proceso.
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