Por Soc. Enrique Parra
El Pueblo de Venezuela afronta el devastador terremoto, estoicamente ante la fuerza del suelo y con la entereza de un solo pueblo heroico, solidario y tenaz.
La avanzada tarde del 24 de junio de 2026 quedará anotada en los registros sismológicos e históricos de la República Bolivariana de Venezuela. En apenas 39 segundos de diferencia entre uno y otro, un fenómeno poco común conocido como «doblete sísmico» sacudió el centro-norte del país, sorprendiendo un primer impacto de magnitud 7.2 seguido de inmediato por un devastador sismo principal de 7.5, sacudones que liberaron de golpe – según expertos – la fuerza de 260 bombas nucleares, poder destructivo por la tensión tectónica acumulada por muchos años.
Ciudades como Caracas, Tucacas, Morón, Yumare y las costas de La Guaira temblaron con una violencia inusitada, solo comparable con el terremoto de «San Narciso de 1900» con una magnitud de 8.0 en la escala de Richter. Es pertinente recordar también, el terremoto del 29 de julio de 1967 con magnitud de 6.5, que causo trágicos daños con más de 200 muertos en Caracas y la Guaira.
Las primeras aproximaciones a la explicion del fenómeno, indican que los científicos de la geofísica en el mundo asumen el doblete sísmico ocurrido en Venezuela, como linea de investigación por sus particulares características telúricas.
La fuerza del suelo descontrolada, causó gran cantidad de casas y edificios totalmente colapsos, como otros tantos, estructuralmente inhabitable, además de, servicios esenciales interrumpidos y una dolorosa cantidad de heridos y fallecidos todavía por contabilizar.
Sin embargo, en medio del polvo en suspensión y la réplica de la angustia, emergió como siempre, la verdadera estirpe del pueblo venezolano ascendente de los héroes del s.XIX: entereza, valores, resiliencia, solidaridad e insumisión.
Brotó de manera natural la solidaridad en el epicentro del dolor, allá en lo más profundo del alma del Pueblo venezolano. Cuando las paredes colapsaron y el pánico empujó a miles de ciudadanos a las calles, la respuesta no fue el caos egoísta, ni el cálculo miserable sino el auxilio solidario y el acompañamiento mutuo sin distingo alguno.
La fortaleza solidaria de los venezolanos en el rescate, apoyo y cooperación frente a la tragedia hoy está potenciada por el acompañamiento tecnico, experimetado y activo de naciones amigas sensibilizadas por la descomunal tragedia nacional. El mundo acompaña humanamente a la Patria de Simón Bolívar, en su infausto trance.
Vecinos de todas las edades formaron cadenas humanas junto a funcionarios de los tres niveles Gobierno, la FANB, el Poder Popular y los forasteros expertos para remover los amasijos de escombros en los lugares de la tragedia viva. Las aceras y plazas se transformaron en comedores comunitarios improvisados, así como también, han proliferado Centro de Acopio organizados por voluntarios en las diversas comunidades del país, donde acude la ciudadania agobiada por la tristeza a donar insumos y enseres necesarios.
El impacto material es inmenso la reconstrucción demandará recursos de todo tipo y tomará quizá años. Por su parte lo más sencible es el desequilibrios psicosocial lo cual ocupará décadas, no obstante, el tejido social venezolano ha demostrado ser infinitamente más resistente, lo que garantiza la esperanza nunca perdida por ser capaces de empinarse por encima de la catástrofe y sus consecuencias en el tiempo.
En tan aciago contexto, el exhorto de rigor desde la consciencia humana y nacionalista es a todos los venezolanos de bien para que la solidaridad que les es propia la profundicen, asumiendo en su justa dimensión las diversas labores que impone la dinámica de los hechos tragediosos. Se trata de reducir los efectos del impacto telúrico, mitigar el dolor del alma de todos y amainar el sufrimiento de los afectados física, mental y espiritualmente.
ENTREVEO N° 162
Maracaibo, 28/06/2026
RDN
