Por Soc. Enrique Parra
La guerra de quinta generación ya no se libra solo con armas, municiones y tropas, ni con publicidad subliminal y sensorial en la tradicional televisión abierta, sino mediante la manipulación sutil de la información y creación de contenidos a través del avance tecnologico: el perfilamiento masivo de datos (big data), el ciberespacio, funciones algoritmicas, software globales y hardware. Ello constituye el equipamiento táctico de la guerra cognitiva.
Son instrumentos programados sistemáticamente, para redireccionar la capacidad cognitiva de los ciudadanos, con percepciones alteradas del proceso social real para inducir comportamientos humanos desde la lógica del control político, que ejercen las naciones hegemónicas del occidente colectivo.
Mientras por otra parte, los cuadros o liderazgos analógicos reaccionan al activismo político cibernético, con manuales de lucha político ideológica reducidos y arrinconados con sus valores erosionados por efectos de la tecnopolítica, que instaura la guerra cognitiva.
En tal sentido, el poder asimétrico opera libre y sin contraparte en su campo de influencia integrándose de forma natural, invisible y permanente en la vida cotidiana delineando con sesgos cognitivos la consciencia fundamentalmente de la nuevas generaciones, con el objetivo de desnaturalizar el pensamiento lógico y reflexivo anulando el libre análisis de datos, emociones, profusos contenidos en redes y la hiperinformación.
Hoy conglomerados de tanques de pensamiento – Silicon Valley – imponen sobre las naciones el predominio digital con todo su arsenal e infraestructura tecnológica, prevalidos de sus altas capacidades financieras y poder empresarial transnacional. Producen y controlan software, redes de fibra óptica, centros de datos, satélite, IA, equipos tecnológicos y cables submarinos con lo cual logran configurar y difundir monopolicamente el flujo informacional a nivel global.
La formación psicosocial de la opinión pública y la interpretación de los procesos políticos en los países del sur global, está a merced de los algoritmos y su influencia en el devenir sociopolítico de los pueblos.
Con la suficiencia tecnológica que les es propia a los centros de poder, elaboran e insertan sesgos programados a la sociedad mediante plataformas internacionales – granjas de Bots – con las que inundan las redes sociales con mensajes adversos a gobiernos, líderes, organizaciones políticas y corrientes ideológicas.
Es la guerra cognitiva con la que desmontar las luchas político-ideológicas de los pueblos, sobre todo en democracias debilitadas en su calidad y ascendencia social donde promueven procesos políticos fértiles, para gobiernos alineados con los intereses del hegemon.
De manera tal, que la vulnerabilidad extrema al depender de software globales, equipos, semiconductores, licencias tecnológicas extranjeras y la imposibilidad de transferencia tecnológica, causa en los pueblos rezago cientifico-tecnológico, lo cual conduce a desventajas en la defensa del Estado Nación, frente al desmontaje político de la ciberagresion.
En consecuencia, insistir en combatir la guerra híbrida con retórica y activismo convencional equivale a enfrentar la artillería pesada, con «piedra, plomo y candela».
La incapacidad de concebir estrategias político programáticas frente a tamaño reto, deja a los movimientos populares y a las organizaciones con fines políticos progresistas, en una posición debilitada desde la perspectiva del liderazgo en la conducción de la población, así como también, en sus capacidades de concitar fuerzas populares con la cooptacion militante, en el movimiento de trabajadores y de masas.
Frente a esta forma de lucha donde el campo de batalla es la racionalidad humana, habría que superar la retórica defensiva revisando enfoques, propuestas y discursos que no resultan asimilables por la nuevas generaciones y menos por pueblos inmersos en crisis sistémicas sin capacidad de discernir dónde y quienes la originan. Las categorías teóricas usadas hasta ahora resultan insuficientes para comprender, explicar y transformar la complejidad sociopolítica que configuran, desarrollan e imponen con gran versatilidad los centros detentadores del poder mundial, con base al control monopolico de las tecnologías críticas.
Las organizaciones políticas deben ir más allá de procesos abstractos y adaptar sus tesis, programas y estrategias de poder a la comprensión, manejo y transformaciones consustanciadas con la realidad política del algoritmo, la posverdad y la hiperinformación.
Se trata de que los pueblos sometidos en su ingenio por las políticas de tutelaje y dominación soportadas en la utilización de las tecnologías críticas, sean capaces de insurgir en el campo de batalla de la guerra de 5ta generación, aprobicionados con fortaleza axiológica, conocimiento científico y soberanía tecnológica con la estrategia de contraponerse a la manipulación cognitiva masificada. La redireccionalidad de la habilidad mental de la gente, está imponiendo imperceptiblemente la algocracia.
ENTREVEO N° 167
Maracaibo, 06/09/2026
