El proceso para reestructurar la compleja deuda externa de Venezuela —estimada entre los 150.000 y 180.000 millones de dólares— apenas se encuentra en sus fases iniciales y podría extenderse entre uno y dos años bajo el escenario más optimista. Así lo advirtió el economista y socio director de Ecoanalítica / Suma Consulting, Asdrúbal Oliveros, durante una entrevista concedida al periodista Román Lozinski en el Circuito Éxitos.

El especialista enfatizó que, en materia de renegociación con acreedores, el país se encuentra «en pañales». Explicó que aún está pendiente la publicación del informe de auditoría a cargo de la firma Centerview, un paso indispensable para sincerar la totalidad de los pasivos acumulados por la República.

Un freno al acceso a recursos internacionales

Oliveros subrayó que alcanzar acuerdos formales con los tenedores de bonos, gobiernos aliados como China y diversos acreedores privados resulta decisivo para la estabilidad financiera nacional.

«Venezuela no tiene capacidad de disponer de sus propios recursos mientras esté esta situación de impago», señaló el analista, al precisar que gran parte de los ingresos del Estado permanecen protegidos en cuentas del Tesoro de los Estados Unidos con el fin de evitar embargos o acciones judiciales internacionales por parte de los demandantes.

Proyección cambiaria e impacto en la economía familiar

Pese a que se proyecta un incremento superior al 50 % en los ingresos petroleros para el presente ejercicio fiscal —favorecido por la flexibilización de licencias por parte del Gobierno de Estados Unidos—, Oliveros hizo un llamado a la prudencia respecto a sus efectos inmediatos en la ciudadanía.

  • Recuperación del poder adquisitivo: No será inmediata. El economista proyecta que una mejora sustancial en el consumo y la calidad de vida de los venezolanos se consolidará progresivamente hacia finales de 2027 o principios de 2028, debido al lento ritmo de reactivación de la infraestructura y del mercado interno.
  • Comportamiento del dólar: Estimó que el tipo de cambio oficial podría cerrar el año en torno a los 1.000 bolívares por dólar. Sin embargo, destacó que la mayor disponibilidad de divisas derivada de la actividad petrolera le otorgará al Ejecutivo mayor margen de maniobra para contener devaluaciones severas.
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