Josué salió en su bicicleta con la promesa de volver antes de las nueve. Aunque su familia lo esperaba, la noche cayó sin noticias de su paradero tras violencia juvenil en Bolívar.


Durante siete días, su nombre resonó en redes, calles y oraciones. Mientras tanto, la comunidad de Bolívar se unió con la esperanza intacta de hallarlo con vida.


Sin embargo, el domingo trajo la peor noticia. El cuerpo de Josué fue encontrado sin vida en una vivienda abandonada. Tenía solo dieciséis años y muchos sueños. violencia juvenil en Bolívar


Su hermana, entre lágrimas, confirmó lo que nadie quería escuchar. “Me mataron a mi hermano”, dijo, con la voz quebrada y el alma rota por el dolor.


Las autoridades realizaron el levantamiento del cadáver. No obstante, aún no han ofrecido detalles oficiales. Por eso, la familia exige justicia y respuestas claras sobre lo ocurrido.


Violencia juvenil en Bolívar alarma a comunidades enteras


El caso de Josué reaviva el temor por la violencia juvenil en Bolívar. De hecho, vecinos denuncian que no es un hecho aislado, sino parte de un patrón.


Según testigos, un supuesto amigo y un hombre en silla de ruedas estarían implicados. Además, la versión apunta a un disparo por la espalda.


Asimismo, se halló una fosa común en una zona boscosa cercana. Algunos creen que sería usada para ocultar el cuerpo del adolescente asesinado sin dejar rastros.


El padre de Josué mostró un video donde su hijo prometía regresar temprano. En consecuencia, esa grabación es ahora su última memoria viva y dolorosa. violencia juvenil en Bolívar


La comunidad, consternada, organizó una vigilia. Con velas, pancartas y abrazos silenciosos, llenaron la calle donde Josué solía jugar con sus amigos.


“Nos quitaron un hijo, un hermano, un amigo”, expresó un vecino. Por ello, exigimos justicia y protección para nuestros jóvenes, antes de que sea demasiado tarde.


La violencia juvenil en Bolívar no puede seguir siendo ignorada. Cada caso impune alimenta el miedo y la desesperanza en las familias que aún esperan respuestas.


Es momento de que las autoridades actúen con firmeza. Porque la vida de nuestros adolescentes no puede depender del azar ni del olvido institucional.


Josué ya no volverá, pero su historia debe marcar un antes y un después. Que su nombre no se pierda en el silencio.

RDN

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