El fenómeno climático de El Niño continúa su avance acelerado en las costas de Ecuador y se proyecta que alcanzará su fase de máxima intensidad hacia finales de 2026. Así lo confirmó un detallado informe técnico difundido por el Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada de Ecuador (Inocar), el cual advierte que el evento meteorológico se encuentra actualmente en un estado «activo y en franco fortalecimiento». Los análisis científicos revelan un calentamiento excepcionalmente intenso de la superficie marina, lo que ha encendido las alarmas de las autoridades gubernamentales y de los comités de gestión de riesgos en todo el territorio nacional.
Anomalías térmicas extremas en el océano Pacífico
De acuerdo con las mediciones de los expertos del Inocar, se han registrado anomalías de temperatura de hasta 5,2 grados centígrados por encima de los promedios históricos en las aguas próximas a las costas de Ecuador y el norte de Perú. Este incremento térmico no se limita únicamente a la superficie; los sensores oceanográficos detectaron temperaturas de entre 23 y 24 grados centígrados a una profundidad de aproximadamente 100 metros en la franja comprendida entre las islas Galápagos y el Ecuador continental. Esta acumulación de calor subsuperficial actúa como un tapón térmico que impide el afloramiento de aguas frías y limita drásticamente el aporte de nutrientes esenciales para el ecosistema marino.
Impacto asimétrico: Lluvias torrenciales y sequías regionales
La persistencia de este calentamiento oceánico está alterando de manera drástica los patrones atmosféricos de la región, generando un impacto geográfico asimétrico. En la región litoral y las zonas costeras, la evaporación masiva ha desencadenado precipitaciones extraordinarias que amenazan con desbordamientos de ríos e inundaciones en centros urbanos y áreas agrícolas. Por el contrario, las regiones de la sierra andina y de la amazonía ecuatoriana experimentan un marcado déficit de lluvias, lo que agrava la preocupación por el abastecimiento de agua potable, el riego de cultivos andinos y la generación de energía hidroeléctrica en las principales centrales del país.
Severas repercusiones en la pesca y la seguridad alimentaria
El sector pesquero, uno de los pilares económicos de la costa ecuatoriana, ya sufre las consecuencias directas de la alteración del ecosistema marino. La drástica reducción de nutrientes debido a la ausencia de corrientes frías ha provocado la migración y escasez de especies comerciales de alto valor como la macarela y la merluza. En contraste, los pescadores artesanales e industriales reportan un incremento inusual en las capturas de pinchagua, una especie más adaptada a aguas cálidas. Esta transición forzada obliga a las flotas pesqueras a reconfigurar sus estrategias de captura y procesamiento en medio de una notable incertidumbre económica.
Llamado urgente a la prevención y mitigación
Ante este escenario de vulnerabilidad creciente, el Inocar y los organismos de socorro han emitido recomendaciones urgentes dirigidas a los gobiernos autónomos descentralizados y a la población civil. Se ha solicitado priorizar la limpieza de canales de drenaje, el reforzamiento de muros de contención y la planificación de rutas de evacuación ante posibles crecidas súbitas de ríos, especialmente en las provincias del litoral. Las autoridades enfatizan que la preparación anticipada durante las próximas semanas será crucial para mitigar los daños materiales y humanos antes de que el fenómeno alcance su pico de intensidad a finales de año.

