El asesinato de madre venezolana Wendy Molina, ocurrido en Saravena, Arauca, ha conmocionado profundamente a las comunidades fronterizas entre Colombia y Venezuela este noviembre.

La víctima, de 36 años, fue hallada sin vida en una zona rural entre Puerto Nariño y el río Banadía, con heridas de bala visibles.

Según medios locales, Wendy residía en la vereda Los Chorros, municipio de Arauquita, y era madre de dos niños que ahora quedan en situación vulnerable.

El hallazgo se produjo el viernes 31 de octubre, cuando campesinos alertaron a las autoridades tras encontrar el cuerpo abandonado en un predio solitario.

Asesinato de madre venezolana sacude comunidades fronterizas y exige justicia urgente

Las autoridades manejan la hipótesis de secuestro por parte de grupos irregulares, aunque no descartan otras líneas de investigación sobre el asesinato de madre venezolana.

La mujer vestía sudadera negra, suéter azul y zapatos deportivos; detalles que ayudaron a confirmar su identidad tras varios días de desaparición.

Vecinos de la zona aseguran que Wendy era una ama de casa dedicada, solidaria y respetada por su comunidad, que hoy llora su partida.

Organizaciones defensoras de derechos humanos han exigido al Estado colombiano una investigación exhaustiva y protección para los familiares de la víctima.

Este crimen se suma a una preocupante ola de violencia en zonas fronterizas, donde mujeres migrantes enfrentan riesgos extremos por su condición vulnerable.

Además, líderes comunitarios han solicitado mayor presencia institucional en veredas rurales, donde el abandono facilita el accionar de grupos armados ilegales.

El asesinato de madre venezolana Wendy Molina representa una herida abierta que exige justicia, memoria y acciones concretas para evitar nuevos casos.

Por lo tanto, es urgente que los gobiernos de ambos países refuercen la cooperación en seguridad y atención a víctimas de violencia.

Cada vida perdida en la frontera refleja el dolor de un pueblo que clama por paz, dignidad y respeto a los derechos humanos.

Recordar a Wendy es también exigir que ninguna mujer migrante vuelva a quedar silenciada por la violencia. La justicia debe llegar sin demora.

RDN

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