La Casa Blanca comenzó la demolición parcial del ala este para construir el esperado salón de baile presidencial, impulsado directamente por el presidente Donald Trump. Este lunes, contratistas retiraron ventanas y parte de la entrada, iniciando una remodelación que promete cambiar la historia arquitectónica del edificio más emblemático del país. Trump anunció la obra en Truth Social, destacando que el salón será “amplio, hermoso y moderno”, sin alterar la esencia neoclásica del recinto.
El ala este, añadida en 1902 por Theodore Roosevelt, ha servido como espacio administrativo y ceremonial, sin grandes intervenciones desde la década de 1940. Ahora, el nuevo salón de baile presidencial abarcará 8.000 metros cuadrados y recibirá hasta 900 invitados en celebraciones oficiales y banquetes de Estado.
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El diseño estará a cargo de McCrery Architects, mientras que la constructora Clark ejecutará el proyecto, con experiencia en obras de alto perfil en Washington. El costo estimado ronda los 200 millones de dólares, financiado con fondos privados, incluyendo donaciones de Trump y simpatizantes patriotas.
Aunque Trump aseguró que respetará la arquitectura original, especialistas en patrimonio advierten sobre el impacto visual y simbólico de esta transformación. Residentes y turistas reaccionaron con sorpresa; algunos celebran la modernización, mientras otros lamentan la pérdida de elementos históricos del ala este.
Una mujer presente expresó su rechazo: “No me gusta. Miren lo que está haciendo”, mientras sostenía un cartel frente a los medios. El salón de baile presidencial busca cumplir un sueño compartido por mandatarios durante más de 150 años, según palabras del propio Trump.
La estructura reemplazará áreas conectadas por la columnata este, obligando a cumplir estrictos estándares de preservación y armonía visual. El calendario prevé varios meses de trabajo antes de la inauguración, en medio de expectativas políticas, culturales y arquitectónicas.
Este proyecto marca un hito por su tamaño, costo y visibilidad internacional, redefiniendo el uso ceremonial de la Casa Blanca. La construcción del salón de baile presidencial plantea un debate entre modernización funcional y resguardo del legado histórico estadounidense.
