Con esposas en los pies y las manos, amarrado a otros detenidos, el venezolano, José Daniel Simancas Rodríguez lo subieron a un avión sin saber su destino, y le dijeron que iba a Miami, pero horas después, al aterrizar lo trasladaron a un autobús con ventanas cubiertas, supo que había llegado a Guantánamo. Lo que siguió fueron 15 días de lo que describe como un infierno: aislamiento, hambre y condiciones inhumanas.
Simancas, de 30 años, uno de los 177 venezolanos deportados por Estados Unidos que pasaron por la base naval en Cuba, una medida criticada por organizaciones de derechos humanos.
En entrevista con CNN, relató que durante su encierro solo recibió una sábana y una almohada, se le permitió bañarse dos veces y la comida era escasa. «Lamía el plato por el hambre», recordó.
«La tortura es eso, el encierro. No estás vivo, tú estás ahí y no estás vivo. No sabes si es de día o de noche, estás comiendo mal, cada día que estás ahí te vas muriendo poquito a poco», dijo Simancas, quien confesó haber llorado cada día y haber pensado en el suicidio.
Lo vincularon al Tren de Aragua
El venezolano, padre de cinco hijos, asegura que lo trataron como un delincuente «sin pruebas». Las autoridades estadounidenses lo vincularon con el Tren de Aragua, debido a su lugar de nacimiento (Maracay) y sus tatuajes. Sin embargo, Simancas niega cualquier conexión con grupos criminales.
Su calvario comenzó en mayo de 2024, cuando cruzó la selva del Darién en busca de una mejor vida. Tras ser detenido en Estados Unidos, pasó ocho días en una prisión federal y nueve meses en un centro de detención migratoria en El Paso, Texas, antes de ser enviado a Guantánamo.
El 20 de febrero, Simancas y los demás venezolanos detenidos los trasladaron a Honduras, donde un avión de Conviasa los repatrió a Venezuela. El presidente Nicolás Maduro aseguró que los migrantes los recibieron «con un abrazo de amor» y los describió como víctimas de las sanciones estadounidenses.
De regreso en su país, Simancas intenta reconstruir su vida trabajando en la construcción, pero los recuerdos de Guantánamo lo persiguen. «Querían ponernos un trauma, lo lograron», dijo. «Quieres matarte todos los días».
Este testimonio se suma a las críticas contra la política migratoria de Estados Unidos, acusada de violar los derechos humanos al trasladar a migrantes a Guantánamo. Mientras tanto, Simancas y otros deportados buscan sanar las heridas de una experiencia que, aseguran, nunca olvidarán.
El Cooperante/RDN
