Por Soc. Enrique Parra
La migración humana, definida también por muchos como la odisea humana, ha sido un proceso que atraviesa toda la historia del origen y evolución del homo sapiens.
Es así como los prolijos resultados del oficio científico, dan cuenta que desde los albores de la humanidad los humanos se han desplazado por la supervivencia y la preservacion huyendo de peligros o impulsados a satisfacer las necesidades surgidas de la interacción con la naturaleza y la propia accion social.
En la actualidad es ampliamente aceptado que el homo sapiens – humano moderno – es originario de África desde aproximadamente 300.000 años atrás y que inicio hace 70.000 años un proceso de dispersión territorial, que marcó su expansión vital en el planeta.
Tal fenómeno histórico antropológico define la expansión global del homo sapiens, explicando que en sucesivas olas migratorias el hombre logró poblar Asia, Europa, Australia y América. Por lo tanto, la migración humana es expresión de un fenómeno complejo y multifacético que ha dejado una huella profunda en la historia de la humanidad.
En tal sentido, el poblamiento y la diversidad cosmogónica del mundo de hoy, es el resultado de la evolución biopsicosocial del hombre y la construcción de modos y estructuras de organización social, política y cultural garantes de la vida humana y la cohesión gregaria en los órdenes civilizatorios.
En razón de lo descrito, la migración es un derecho humano y una condición de libertad humana que permite a las personas elegir el lugar de residencia y la movilidad por las naciones del mundo.
Es así como, la movilidad humana voluntaria está amparada por el Derecho Internacional público, el Sistema Universal de los Derechos Humanos, la justa aplicación de tratados, acuerdos, convenios multilaterales y bilaterales, así como también, por los ordenamientos jurídicos de los Estados Nacionales.
De tal manera que el devenir de la odisea humana, es una historia de desafíos, adaptación, resiliencia y búsqueda constante e inacabada de las mejores condiciones de vida humana y un mundo mejor.
En la actualidad ninguna autoridad, ningún personero, ningún gobierno, ningún organismo o institución pueden distorsionar, desconocer y no acatar la legislación que resguarda la migración humana. Y mucho menos criminalizar, arremeter, atropellar, discriminar, humillar y desamparar a los migrantes en los países de destino.
Lo otro es, emular y resucitar la inaceptable migración involuntaria, forzosa y criminal practicada en época del esclavismo del imperio romano, durante la esclavitud de negros africanos en la colonización de América y en los tiempos del oprobioso fascismo genocida del S.XX en Europa.
ENTREVEO N° 130/RDN
Maracaibo, 24/03/2025
