Por Soc. Enrique Parra
Aun en el país permanece muy desnutrido el imprescindibles debate sobre la universidad venezolana, se observa con preocupación como se soslayan los temas fundamentales, base del debate sobre la Educación Universitaria en los tiempos que acontecen.
Es urgente avanzar en la discusión acerca de la crisis integral de la universidad en Venezuela, posponerla, es ir contra corriente a la evolución socio-política y cultural de la nación y no unirse como sociedad a la insurgente geopolítica transicional, que conduce hacia un nuevo proceso civilizatorio.
De modo que, resulta pertinente asomar algunos aspectos que deben darle cuerpo al debate universitario nacional, el cuál debe originarse en las expectativas, necesidades y esperanzas de las regiones y prospectivamente sobre el país.
En tal sentido es de observar, que tipo de educación transmiten las universidades con base a su concurrencia curricular, capacidades científicas y tecnológicas, investigacion y extensión respecto a la transformación social y al desarrollo integral sustentable y equitativo, en contraste, con la producción de profesionales sujetos de la reproducción del modelo capitalista y con destrezas para impulsar la economía de mercado, haciéndose militantes del decadente neoliberalismo.
Asimismo, es necesario evaluar y constatar el conocimiento que se construye en el estudio de la realidad social, la forma como se organiza, se valida y difunde hacia la sociedad actual dinamizada por el cambio social; frente a la investigación y comprensión del mundo desde la lógica de la rentabilidad, el éxito y el individualismo deshumanizado. Con la expectativa solo, de obtener un “buen empleo”.
En otro sentido, también es indispensable pensar en una educación universitaria capaz de asimilar una humanidad mundializada, soportada en el hombre sensibilizado éticamente, protector de la biodiversidad y la multiplicidad cultural valores indispensables para la sobrevivencia humana; rompiendo la concepción de la naturaleza como fuente inagotable de recursos para la industria contaminante e insaciable, destructora de los ecosistemas del planeta.
Lo señalado y otros muchos aspectos a controvertir, adolecen de la fuerza que merecen en el seno de las universidades y en el nucleo del debate nacional.
No asumirlo con la emergencia que imponen los movimientos de transformación social en el mundo y en el país, es cuando menos inexcusable, para quienes apuestan por el conocimiento científico como fundamento del buen gobierno y como condición para la inserción protagónica de la nación, en la construcción del nuevo proceso civilizatorio.
El aposento del conocimiento cientifico transformador, es la Universidad fiel a su filosofía.
ENTREVEO N° 140/RDN
Maracaibo, 17/08/2025
