El Departamento de Justicia de Estados Unidos retiró oficialmente la acusación que señalaba al Cártel de los Soles como organización criminal, decisión divulgada tras la captura y la intervención estadounidense.
La rectificación fue publicada en una acusación revisada, donde se eliminó cualquier referencia directa al grupo, marcando un giro en la narrativa judicial estadounidense.
Durante años, la administración de Donald Trump utilizó el término para vincular al mandatario venezolano con actividades de narcotráfico, generando controversia internacional y tensiones diplomáticas.
La acusación original, presentada en 2020, incluía al Cártel de los Soles como eje central de los cargos, reforzando la narrativa contra el gobierno venezolano.
En 2025, el Departamento del Tesoro designó al supuesto cartel como organización terrorista, replicando el lenguaje de la acusación federal y aumentando la presión política.
Posteriormente, el Departamento de Estado aplicó la misma calificación, consolidando la percepción de que representaba una amenaza regional vinculada al narcotráfico y corrupción institucional.
Intervención estadounidense y repercusiones internacionales
Sin embargo, especialistas en crimen organizado sostienen que el Cártel de los Soles no corresponde a una estructura criminal formal, sino a un término coloquial venezolano.
Analistas explican que el concepto surgió en los años noventa, usado para describir funcionarios corruptos relacionados con tráfico de drogas en Venezuela.
La nueva acusación, divulgada tras la captura de Maduro, omite referencias al grupo, interpretándose como reconocimiento implícito de falta de sustento jurídico sólido.
La operación militar del 3 de enero de 2026 en Caracas incluyó ataques aéreos y la intervención estadounidense, generando debate sobre soberanía nacional y legitimidad política.
Maduro y Cilia Flores comparecieron en Manhattan el 5 de enero, declarándose no culpables, mientras la comunidad internacional cuestiona la legalidad de la intervención.
La rectificación sobre la intervención estadounidense marca un giro significativo en la política de Washington hacia Venezuela, abriendo un nuevo capítulo en la relación bilateral.
