Con una visión centrada en la innovación que transforma el mundo, tres economistas fueron galardonados con el Premio Nobel de Economía por su trabajo revolucionario.
Joel Mokyr (EE. UU.–Israel), Philippe Aghion (Francia) y Peter Howitt (Canadá) recibieron el reconocimiento por sus investigaciones sobre el impacto de la tecnología en el crecimiento económico. La Real Academia Sueca de Ciencias destacó sus aportes como fundamentales para entender cómo la innovación impulsa el desarrollo sostenible y que transforma el mundo.
Mokyr, de 79 años, obtuvo la mitad del premio por identificar los factores históricos que permitieron el crecimiento sostenido a través del progreso tecnológico. Su enfoque, basado en fuentes históricas, reveló cómo ciertas condiciones sociales y culturales facilitaron la adopción de nuevas ideas.
Por su parte, Aghion y Howitt compartieron la otra mitad por su teoría de la destrucción creativa. Este concepto describe cómo la aparición de productos innovadores reemplaza a los antiguos, generando dinamismo económico y renovación constante.
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John Hassler, presidente del comité del Nobel, explicó que el trabajo del trío responde preguntas clave sobre cómo mantener un crecimiento sostenido en un mundo en constante cambio. Además, subrayó que sus hallazgos ofrecen herramientas para diseñar políticas públicas más efectivas con innovación que transforma el mundo.
Durante una entrevista, Aghion instó a Europa a no quedarse atrás. “No podemos permitir que EE. UU. y China lideren solos la innovación tecnológica”, afirmó. Su llamado refuerza la necesidad de invertir en investigación y desarrollo como motor de competitividad global.
La innovación que transforma el mundo no solo impulsa la economía, también redefine la manera en que las sociedades enfrentan desafíos estructurales. Desde la educación hasta la salud, sus efectos son transversales.
Este Nobel de Economía, el único no contemplado en el testamento original de Alfred Nobel, se ha convertido en una plataforma para destacar ideas que moldean el futuro. La distinción de este año confirma que el conocimiento puede ser la fuerza más poderosa para cambiar el rumbo de la humanidad.
