Son recurrentes los hechos asociados con la última masacre ocurrida en Texas, en un colegio, donde fallecieron 18 niños y tres docentes a consecuencia de un desadaptado que, una vez le dispara a su abuela en su propia casa, se traslada -vuelto el diablo- con la misma arma de fuego, ingresa al plantel -sin ser revisado por nadie- y entonces, procede a tirotear a todo el mundo en el centro educativo generando esta nueva tragedia que ya es costumbre en la sociedad norteamericana, sin que sus autoridades se preocupen mucho por resolverlo.

En este contexto, tomamos una interesante reflexión que colgó en su red social de Instagram un psicólogo zuliano, preocupado y angustiado por una situación que, concordando con su planteamiento, parece haber recibido la mirada de la indiferencia de un Estado que, a juzgar por los hechos, no se ha abocado a buscarle la raíz a estos actos degenerativos y trágicos.

Se trata del psicólogo Rubén de La Rosa, médico egresado de la Universidad Rafael Urdaneta (URU) quien, entre otras actividades, realiza consultas online acompañando los procesos psicoterapéuticos de diferentes familias en diferentes países: Canadá, Estados Unidos, México, Panamá, Costa Rica, Guatemala, Curazao, Aruba, República Dominicana, Colombia, Venezuela, Brasil, Ecuador, Chile, Perú, Argentina, Italia, España, Francia, Inglaterra, Portugal, Alemania, Luxemburgo, Dinamarca, Austria, Polonia, Emiratos Árabes Unidos, entre otros.

Vale la pena detenerse y analizar este interesante planteamiento en el cual de La Rosa profundiza más allá de las meras acciones ‘preventivas’ que tampoco se aplican y dejar allí la interrogante: ¿Cuál es la raíz de esta práctica tan trágica y qué se ha hecho por solucionar?

A continuación, el planteamiento íntegro:

¡Qué dolor tan inmenso, qué difícil asimilar todo esto que está ocurriendo! Como padre, mi corazón está destrozado, siento tristeza, y sobre todo, muchísimo miedo cuando leo noticias como estas.

El día de ayer, hubo otra masacre en una escuela estadounidense, en esta ocasión, un joven de 18 años ingresó a una escuela primaria en Texas y abrió fuego en contra de los niños y parte del personal escolar, hasta el momento se reportan 21 decesos, la mayoría de ellos niños inocentes de entre 7 y 10 años de edad.

Las razones que llevaron a este joven a cometer semejante atrocidad aún desconocen, pero pronto las investigaciones nos darán respuestas (aunque los medios como @cnn adelantaron que el asesino mató a su abuela antes de salir de casa).

Según los reportes, solamente se sabe que el joven tenía 3 armas de fuego, dos de ellas automáticas y de alto calibre; Es ahí en donde uno se pregunta: ¿Cómo es que una persona de esa edad puede tener acceso a armas de guerra?, ¿Cómo es que en USA no puedes tomar alcohol a determinada edad, pero si puedes comprar armas?, ¿Dónde están los mecanismos que regulan eso?, ¿La familia del joven conocía el acceso que él tenía a dichas armas?, ¿De dónde sacó el dinero para comprarlas?, ¿Alguna vez se cuidó la salud mental de esa persona?, ¿Nunca hubo un seguimiento sobre su situación?, La verdad son demasiadas preguntas, son muchas víctimas y muy pocas respuestas.

“Como profesional de la Salud Mental, siento que las causas de estos lamentables sucesos, no pueden ni deben reducirse a un puñado de interrogantes; porque como lo he dicho, aún se desconocen factores tan importantes como la salud mental del perpetrador, los desencadenantes psicológicos/emocionales y los reforzadores para que él tomara tal decisión”.

“Como familia y como sociedad, debemos vernos profundamente hacia adentro, debemos revisar cuál es el mundo que le estamos entregando a nuestros hijos con nuestras acciones y, sobre todo, con nuestras omisiones; tenemos que hacer consciencia de que esto no se reduce a un tema de videojuegos, de ver YouTube, de revisar o no un bolso (mochila) antes de entrar a clases… ¡NO!, esto es mucho más profundo, más estructural”.

NOTICIA AL MINUTO/RDN

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