El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ruso, Vladímir Putin, se reúnen este viernes a las 21.30 hora española (11.30 hora local) en Anchorage, Alaska, en la que será la primera cumbre entre los mandatarios de ambos países desde el inicio de la invasión de Ucrania. Pese a que todas las opciones están sobre la mesa, el encuentro, que también contará con una rueda de prensa, conjunta o no, tendrá como objetivo último explorar las condiciones para un alto el fuego.
Trump, que ha reiterado su intención de buscar un final negociado al conflicto, calificó la cita como una «reunión de tanteo» destinada a comprender de primera mano las demandas de Rusia. «Probablemente en los primeros dos minutos sabré si se puede llegar a un acuerdo», afirmó con la misma seguridad que su promesa de acabar con la guerra en los primeros 100 días de su mandato.
El perfil de Rusia y EE.UU.
Al contrario que Trump, Rusia ha mantenido un perfil más bajo sobre la agenda y el formato de la cumbre, limitándose a confirmar la fecha y el lugar. Está previsto que la conversación sea un cara a cara a solas entre ambos, con la única presencia de los traductores.
Como punto adicional, el mandatario estadounidense ha subrayado su deseo de sentar las bases para un encuentro directo entre Putin y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, siempre y cuando se alcancen términos aceptables para ambas partes. Una meta harto difícil dada la negativa ucraniana a renunciar a su soberanía sobre los territorios conquistados por Rusia, condición que Moscú exige para la paz.
De hecho, la ausencia de representantes ucranianos en esta fase inicial de conversaciones ha generado inquietud en Kiev y en varias capitales europeas, que temen que se adopten compromisos injustos. El jueves, los líderes europeos pidieron a Washington que se respetasen las líneas rojas, referente a la cesión de regiones ucranianas. Según Trump, el diálogo con Putin podría implicar un «intercambio de territorios» como parte de un posible acuerdo.
Cabe destacar que Rusia ocupa actualmente cerca del 20% del territorio ucraniano, mientras que Ucrania no controla ninguna región rusa tras su retirada en abril de Kursk. Asumir dicha cesión legitimaría internacionalmente la invasión como medio para dirimir disputas territoriales. En todo momento, Trump ha garantizado que solo Zelenski negociará eventuales cesiones territoriales de su país a Rusia.
Expectativas y riesgos sobre la mesa
La cumbre de Alaska marcará el primer encuentro entre Donald Trump y Vladímir Putin desde que el republicano regresase a la presidencia. Moscú llega con demandas firmes, consistentes en asegurar el fin de las aspiraciones de Kiev para ingresar en la OTAN, además de desarmar el país y lograr la cesión formal de los territorios que reclama como suyos.
Trump acude con una actitud más impaciente y aparentemente menos conciliadora. En las últimas semanas, el mandatario estadounidense ha realizado un giro político para denunciar los reforzaba el envío de armas a Ucrania de ataques rusos a ciudades ucranianas, al tiempo que a través de su compra por aliados de la OTAN y posionaba dos submarinos nucleares cerca de territorio ruso. En contraste, su ultimátum para aplicar sanciones contra Rusia finalmente no se ha materializado.
Pese a las críticas estadounidenses, el contacto bilateral ha sido constante. El enviado especial de Trump para Oriente Próximo, Steve Witkoff, ha visitado Rusia hasta en cuatro ocasiones en apenas dos meses, manteniendo largas conversaciones privadas con Putin. Durante uno de estos encuentros, el líder ruso le obsequió con un retrato de Trump para la Casa Blanca, gesto que el presidente estadounidense recibió con agrado.
EE.UU. no incluye garantías explícitas de seguridad para Kiev
De momento, la posición estadounidense no incluye garantías explícitas de seguridad para Kiev, pese a que en su momento Zelenski consideró el acuerdo de tierras raras firmado con EE.UU. como la antesala para asegurar dicho aval. Incluso su vicepresidente, J.D. Vance, ha descartado más financiación directa a Kiev, y en más de una ocasión la Administración Trump ha declarado que Ucrania no podrá unirse a la OTAN.
La actitud ambivalente de Trump ha alimentado la preocupación en Kiev y entre aliados europeos ante la posibilidad de que Moscú use la cumbre para imponer sus condiciones. Además, los ajustes de plantilla en el Departamento de Estado (más de 1.300 despidos en julio) han dejado huérfana a la Administración Trump de analistas reputados en Rusia y Ucrania que puedan advertir de las tácticas negociadoras del Kremlin.
Europa, un respaldo fundamental pero sin voz en Alaska
El miércoles, los líderes europeos trasladaron a Trump que la negociación con Putin debe contar con Ucrania y culminar en un alto el fuego. A este respecto, el canciller alemán, Friedrich Merz, comunicó al mandatario estadounidense cinco principios viables para un acuerdo de paz justo y duradero.
Para Europa, es fundamental que Ucrania esté presente en la mesa de negociaciones, además de que sea Kiev el que trate todos los temas relacionados con el intercambio de territorios. «Tiene que mantenerse el principio de que las fronteras no pueden cambiarse por la fuerza«, advirtió Merz.
RTVE/RDN
