Rusia ha lanzado una de sus ofensivas más agresivas de los últimos meses contra la infraestructura energética de Ucrania, utilizando un despliegue masivo de drones y misiles balísticos dirigidos principalmente hacia Kiev y otras regiones estratégicas. El ataque nocturno, calificado por las autoridades ucranianas como una escalada deliberada antes del inicio de la temporada invernal, ha dejado un saldo de al menos cinco personas fallecidas, entre ellas un niño, y ha vuelto a poner en jaque la estabilidad del suministro eléctrico en gran parte del territorio ucraniano.

Una ofensiva masiva contra el sistema eléctrico

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, detalló que la ofensiva involucró aproximadamente 190 vectores de ataque, entre drones de diseño iraní y misiles balísticos de alta precisión. Aunque la Fuerza Aérea de Ucrania logró neutralizar 155 drones y cinco misiles, el volumen de la agresión superó en varios puntos los sistemas de defensa aérea locales. El primer ministro, Sergii Koretskyi, confirmó que múltiples instalaciones de generación y transmisión eléctrica sufrieron daños severos, lo que obligó a las autoridades a instar a los gobiernos regionales a activar de inmediato los sistemas de respaldo y acelerar la instalación de generadores adicionales.

Impacto civil y respuesta de emergencia

La capital y su periferia fueron los objetivos prioritarios de la incursión rusa. La principal empresa energética privada de Ucrania, DTEK, desplegó cuadrillas de emergencia para restablecer el servicio a unos 8.000 hogares afectados en las primeras horas tras el bombardeo, aunque la magnitud total de los daños estructurales aún está bajo evaluación. Paralelamente, en el centro de Kiev, el alcalde Vitali Klitschko reportó el hallazgo de fragmentos de un proyectil derribado dentro del perímetro de una embajada occidental, un incidente que subraya el riesgo constante al que están expuestas las representaciones diplomáticas en la capital.

Efectos colaterales y tensión en las fronteras de la OTAN

La violencia de la ofensiva rusa no se limitó al territorio ucraniano, provocando una serie de incidentes que encendieron las alarmas en los países vecinos y miembros de la Alianza Atlántica. Un dron de ataque ingresó al espacio aéreo de Moldavia, detonando cerca de la localidad oriental de Hirbovet. Ante la proximidad de los impactos, Polonia y Rumania ordenaron el despegue de aviones de combate para patrullar sus fronteras, mientras que el gobierno polaco suspendió temporalmente las operaciones comerciales en los aeropuertos de Lublin y Rzeszów por motivos de seguridad.

Guerra de desgaste y represalias en territorio ruso

Por su parte, el Ministerio de Defensa de Rusia reconoció la autoría de los ataques, argumentando que sus objetivos fueron centrales eléctricas clave, un centro de datos militar en Kiev, un complejo industrial en Odesa y terminales portuarias en Izmail. Como contraparte, Ucrania ha intensificado sus incursiones con drones dentro de las fronteras rusas. Autoridades de Moscú informaron sobre la muerte de un civil en la región fronteriza de Briansk y daños materiales en zonas residenciales de Samara, una región clave para la producción petrolera rusa, consolidando un escenario de hostilidades mutuas de cara a los meses más fríos del año.

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