La amenaza de misiles Tomahawk se convirtió en el nuevo eje del discurso de Donald Trump, quien busca presionar a Rusia para terminar la guerra.
Tras protagonizar el acuerdo de paz entre Israel y Palestina, Trump aprovechó su impulso diplomático para advertir a Vladimir Putin sobre una posible ofensiva militar indirecta.
Durante una conversación con Volodymyr Zelenskyy, presidente de Ucrania, Trump ofreció venderle misiles Tomahawk, aunque aclaró que primero hablaría con Putin.
Estos misiles tienen un alcance de 2400 kilómetros y podrían impactar bases rusas, aeródromos y centros logísticos. Rusia respondió que eso provocaría una escalada peligrosa.
Trump declaró desde el Air Force One que Ucrania necesita urgentemente los Patriots, pero que los Tomahawks representarían un avance estratégico.
La amenaza de misiles Tomahawk refleja su creciente impaciencia con el conflicto ruso-ucraniano, que ya ha causado miles de muertes semanales.
Además, de la amenaza de misiles Tomahawk, el expresidente estadounidense sugirió imponer nuevas sanciones contra Rusia si no se logra una salida negociada. J. D. Vance, vicepresidente, respaldó esa postura.
Trump afirmó que podría autorizar el envío de misiles a la OTAN, que los transferiría a Ucrania si Putin no detiene la invasión.
Lea también: “Justicia para Gaza”: Venezuela exige castigo tras anuncio de paz de Trump
“¿Quieren que los Tomahawks se dirijan hacia ellos? No lo creo”, expresó Trump, en una clara advertencia al Kremlin.
Zelenskyy aseguró que Rusia teme esta presión militar, pues podría acelerar el fin del conflicto. La amenaza de misiles Tomahawk se percibe como un catalizador de paz.
Trump insistió en que su objetivo es evitar más muertes y recuperar territorios perdidos. “Podemos hacerlo”, dijo con firmeza.
La comunidad internacional observa con atención esta nueva jugada geopolítica. El equilibrio entre diplomacia y fuerza se vuelve cada vez más frágil.
La amenaza de misiles Tomahawk podría redefinir el curso de la guerra en Ucrania y marcar un punto de inflexión en las relaciones globales.
La presión internacional crece mientras Trump insiste en que los Tomahawks podrían acelerar el fin.
