El Gobierno de los Estados Unidos, a través del Departamento de Estado, ha ratificado que no maneja un cronograma rígido ni una fecha límite para la realización de las elecciones presidenciales en Venezuela. La portavoz en español de la diplomacia estadounidense, Natalia Molano, explicó que la prioridad de la administración del presidente Donald Trump y del secretario de Estado, Marco Rubio, es asegurar que el proceso electoral cuente con bases institucionales sólidas y no se convierta en un mero trámite formal o ceremonial.
Un enfoque centrado en la sostenibilidad democrática
En una entrevista concedida al periodista Román Lozinski en el Circuito Éxitos de Unión Radio, Molano detalló la postura de Washington respecto a la tercera fase de su estrategia para Venezuela, la cual está enfocada en la transición política a través de comicios libres. La funcionaria enfatizó que el secretario Marco Rubio ha sido claro al señalar que se requiere la confluencia de múltiples elementos de transparencia y equilibrio de poderes antes de convocar a las urnas, evitando así la repetición de escenarios fallidos del pasado.
«No hay una fecha límite, porque el secretario Rubio ha expresado que se requieren varios elementos para que, cuando ocurran esas elecciones, sean duraderas, y que no sea simplemente un ejercicio o algo ceremonial de tener elecciones solo por tenerlas antes de una fecha», aseveró la portavoz. Con estas declaraciones, la Casa Blanca busca desmarcarse de presiones temporales artificiales y concentrarse en reformas estructurales profundas.
Inversión estratégica y confianza para los mercados
El replanteamiento de la política exterior estadounidense hacia Venezuela también responde a factores de seguridad jurídica y económica. Según Molano, la administración Trump ha realizado un esfuerzo político y diplomático considerable en el caso venezolano, por lo que su objetivo principal es consolidar un «éxito a largo plazo» que garantice la estabilidad de toda la región.
En este sentido, la portavoz vinculó directamente la calidad de la transición democrática con el flujo de capitales internacionales. «Las inversiones estadounidenses que están entrando a Venezuela también van a querer una democracia y un sistema en el que puedan confiar su dinero», advirtió Molano, haciendo hincapié en que los inversionistas extranjeros exigen un marco legal predecible y transparente para evitar los riesgos de expropiaciones o inseguridad jurídica que caracterizaron las últimas décadas.
El camino hacia un progreso gradual
La diplomática concluyó señalando que el Departamento de Estado mantiene un compromiso firme y de largo aliento con el pueblo venezolano. La estrategia de Washington apunta a un avance progresivo que permita reconstruir los pilares del Estado de derecho, la libertad de prensa y la independencia de los poderes públicos antes de que la ciudadanía acuda a las urnas.
«Queremos ver el progreso gradual y que se haga todo con los fundamentos básicos y esenciales de una democracia para que tenga una sostenibilidad más duradera», puntualizó Molano. De esta forma, Estados Unidos reafirma que su hoja de ruta para la transición venezolana priorizará la solidez de las reformas institucionales por encima de la inmediatez de un calendario electoral.

