Los pescadores del Caribe denuncian que los bombardeos de EE.UU contra embarcaciones han transformado la pesca en un peligro constante, generando miedo y afectando gravemente la estabilidad comunitaria.
En San Andrés y Providencia, familias suspendieron sus faenas, ya que temen ser confundidas con narcotraficantes mientras transitan por aguas internacionales buscando alimento y esperanza.
La escalada militar de Estados Unidos bajo Donald Trump ha dejado embarcaciones destruidas y más de ochenta muertos, sin pruebas claras que respalden acusaciones de narcotráfico.
Aunque Washington insiste en combatir el crimen organizado, los pescadores denuncian que sus vidas se encuentran amenazadas, generando una crisis humanitaria que afecta directamente su seguridad.
El fallo de La Haya en 2012 redujo el área marítima colombiana, obligando a pescadores a cruzar aguas internacionales, aumentando su exposición a operativos militares.
Ling Jay Robinson, pescador de Providencia, confesó que detuvo sus actividades por miedo, recordando que la pesca representa su único sustento económico.
Las comunidades reclaman apoyo institucional, porque sienten abandono y vulnerabilidad, mientras observan cómo las operaciones militares afectan directamente su derecho a trabajar dignamente en alta mar.
Miedo creciente por bombardeos en el Caribe
Los presidentes de Colombia y Venezuela denunciaron públicamente los ataques, calificándolos como asesinatos ilegales, mientras la ONU exigió detener operaciones que violan principios básicos del derecho internacional.
En Washington, congresistas demócratas criticaron la falta de transparencia, señalando que la administración Trump no presentó pruebas convincentes sobre embarcaciones supuestamente vinculadas al narcotráfico.
La narrativa oficial estadounidense insiste en responsabilizar a Venezuela, pero Caracas rechaza esas acusaciones, denunciando que buscan justificar un cambio de régimen y apropiación de recursos naturales.
Mientras tanto, los pescadores del Caribe continúan enfrentando miedo, porque cada salida al mar representa un riesgo de muerte, generando angustia en familias que dependen exclusivamente de la pesca.
La comunidad internacional observa con preocupación, porque la escalada militar amenaza la estabilidad regional, y exige soluciones que prioricen la protección de civiles y la paz marítima.
En conclusión, los pescadores del Caribe necesitan garantías reales, porque la vida en el mar no debería convertirse en sentencia de muerte bajo decisiones arbitrarias.

