Era la sentencia que todos esperaban y temían: veinte años de cárcel para Joël Le Scouarnec , el ex cirujano pederasta francés de 74 años acusado de abusar sexualmente de 299 niños, muchos de ellos menores de 11 años y cuando estaban bajo los efectos de la anestesia. «Si estuviéramos en Estados Unidos, las sentencias sumadas llegarían a los 2.000 años de cárcel», advirtió el fiscal Stéphane Kellenberger, que se sumó a la decepción entre las víctimas por la «ley del silencio» que ha rodeado al mayor juicio por pederastia en la historia de Francia.
Seis meses después del gran impacto mediático y social del caso de Gisèle Pelicot, la mujer drogada por su esposo y violada por 50 hombres, el juicio contra el «diablo con bata blanca» que violó a 111 menores y abusó de 189 en la trastienda de los hospitales franceses lo relegaron a segundo plano por los medios e ignorado sistemáticamente como un tema «tabú» por la clase política.
Fetichista, sádico y pedófilo
Un grupo de víctimas, encabezadas por Manon Lemoine (que tenía 11 años cuando la violó Le Scouarnec), se manifestó a las puertas de los tribunales de Vannes, la apacible localidad amurallada de la Bretaña francesa donde se ha escenificado el juicio. Las víctimas reclaman la apertura de una investigación parlamentaria sobre los fallos en el sistema que permitieron que el cirujano depravado -que se autodefinió a sí mismo en su diarios como «fetichista, sádico y pedófilo»– actuara con total impunidad en varios hospitales durante más de dos décadas.
«Han intentado convertirle en un monstruo, pero el verdadero monstruo es la sociedad que le ha creado y que se lo ha permitido», declaró Lemoine, que denunció también la falta de apoyo a las víctimas y la situación a la que se vieron abocadas. Algunas de ellas prefirieron no dar la cara por no reabrir las heridas de la infancia. Otras se vieron resignadas a revelar su identidad para reclamar la atención mediática (durante el juicio trascendió que dos de ellas se habían suicidado años atrás al no poder sobrellevar el trauma).
Le Scouarnec en su última comparecencia ante el tribunal
«No le pido clemencia al tribunal, simplemente concédanme el derecho a ser una mejor persona», declaró con pasmosa frialdad el doctor Le Scouarnec en su última comparecencia ante el tribunal, tres meses después de su confesión inicial en la que se reconoció abiertamente culpable: «Si comparezco ante vosotros es porque, efectivamente, siendo la mayoría niños, cometí actos atroces«.
«Hoy soy perfectamente consciente de que estas heridas son imborrables e irreparables», admitió el ex cirujano pederasta, que llegó a llenar sus diarios con un recuento espeluznante de sus abusos. «Les debo a todas esas personas y a sus seres queridos el deber de asumir la responsabilidad de mis acciones, y de las consecuencia que pueden haber tenido y que sin duda seguirán teniendo a lo largo de sus vidas».
Le Scouarnec cumplía ya una condena de 15 años de cárcel antes de sentarse esta vez en el banquillo. Lo condenaron en 2020 por la violación de dos sobrinas, una paciente de seis años y una vecina. «Yo no lo sabía, nunca sospeché nada», llegó a testificar su ex esposa Marie-France, aquejada de una enfermedad respiraría, en uno de los momentos más dramáticos durante el juicio.
El cirujano llevó una doble vida
Hasta el 2017, cuando lo denunciaron finalmente la familia de su vecina menor de edad, el cirujano llevó impecablemente una doble vida. Su propio abogado describió cómo entonces se produjo su «descenso al infierno», viviendo solo en un cobertizo, alcoholizado y pasando horas viendo imágenes de abusos de menores en la web oscura y consolándose con una colección de muñecas inflables de tamaño infantil («sentía un vínculo emocional con ellas porque hacían los que yo quería», llegó a confesar).
Durante el juicio quedó probado cómo el FBI comunicó ya el 2014 a las autoridades francesas que Le Scouarnec había tenido acceso a portales de internet con imágenes de abusos de menores. Thierry Bovalot, psiquiatra en uno de los hospitales provinciales de Bretaña donde trabajó, recordó cómo intentó dar la alarma sobre la conducta sospechosa del cirujano con sus pacientes infantiles (pasando tiempo encerrado con ellos antes y después de las operaciones) y cómo las autoridades médicas lo ignoraron.
«Los hospitales regionales necesitaban desesperadamente cirujanos, y lo que llegaban eran bienvenidos como si fueran mesías», explicó el administrador de un hospital durante el juicio. «Hubo fallos y ocultamientos a todos los niveles de la jerarquí», reconoció otro. «Me recomendarios expresamente no hablar mucho sobre esa persona», admitió un doctor.
El tabú de los abusos de menores en Francia
En el 2015 se le abrió finalmente un expediente por una denuncia. Le Scouarnec lo acompañaron hasta la comisaría para testificar. Hubo incluso un registro domiciliario, pero no se le llegó a arrestar. La investigación se saldó con cuatro meses de suspensión como médico y sin necesidad de un seguimiento, ni un tratamiento psicológico.
Frederic Benoist, que representa a la ONG La Vox de LEnfant (La Voz del Niño), denunció durante el juicio «el alto grado de disfuncionalidad a nivel institucional» del caso que debería haber servido para derribar el tabú de los abusos de menores en Francia, y que sin embargo ha concluido con una sensación de frustración colectiva.
El Mundo/RDN

