Édgar Jiménez Mendoza, conocido como ‘El Chino’ amigo y fotógrafo personal de Pablo Escobar, guarda en su archivo un detrás de cámaras de los momentos poco conocidos del extinto capo.
‘El fotógrafo de la mafia’ como también es conocido Jiménez, retrató todo tipo de encuentros y celebraciones, y fue uno de los coordinadores de la campaña de Escobar al Congreso.

Mendoza sobrevivió a la peor época de la guerra, para así poder contar su historia. Desde hace más de tres décadas conserva en su casa un valioso archivo íntimo de la cotidianidad familiar y la vida social y política del exnarcotraficante.
Su lealtad incondicional y su discreción lo llevaron a registrar en el círculo más íntimo de amigos y familiares del que fuese el jefe del Cartel de Medellín por allá en los años 80.
En sus inicios como fotógrafo, en los años setenta, fue militante de la Anapo y registró las campañas políticas del general Rojas Pinilla, de su hija María Eugenia y de sus seguidores en Antioquia.

Posteriormente, de la mano de Israel Santamaría, excongresista de la Anapo y uno de los fundadores del M-19, ingresó a una célula clandestina de la guerrilla, en tareas relacionadas con divulgación, prensa y fotografía.
La última vez que vio a Pablo Escobar fue el 24 de febrero de 1989, en la hacienda Nápoles. Ese día Juan Pablo, el hijo mayor del capo, cumplía 12 años y era su fiesta.
Jiménez cuenta que esa vez alcanzó a tomar una de sus fotos predilectas. A medianoche Escobar aparece al lado de su madre, Hermilda, cabizbajo, con un coctel espumoso servido y un plato sin probar sobre la mesa.

Agencias

