En el año 1963, el diseñador estadounidense Harvey Ross Ball dio vida a uno de los símbolos más universales de la historia. La obra de el creador de la carita feliz nació originalmente como un encargo corporativo.
Una empresa de seguros contrató sus servicios para elevar la moral de los empleados tras una compleja fusión interna. El objetivo era diseñar un gráfico que transmitiera alegría y optimismo en el entorno laboral.
Ball completó el diseño en apenas diez minutos utilizando colores brillantes y trazos minimalistas. Por lo tanto, el resultado fue el rostro amarillo sonriente que hoy identifica a múltiples marcas y plataformas.
A pesar del impacto masivo que tendría en el futuro, el proceso creativo fue breve y directo. Sin embargo, nadie en aquel momento pudo prever la magnitud comercial que alcanzaría la ilustración.
El creador de la carita feliz
Por este trabajo, el publicista recibió un pago único de apenas 45 dólares en la década de los sesenta. En consecuencia, esta cifra se considera hoy una de las retribuciones más bajas por un diseño de tal relevancia.
El autor nunca registró la propiedad intelectual ni los derechos de autor sobre su creación original. De este modo, la imagen pasó a formar parte del dominio público de manera informal durante varios años.
La falta de visión comercial de el creador de la carita feliz permitió que otros capitalizaran el símbolo. Además, empresas internacionales registraron versiones similares y generaron ganancias de miles de millones de dólares.
A diferencia de los grandes conglomerados, Ball se mantuvo enfocado en su labor publicitaria local en Massachusetts. Por ello, su nombre permaneció en un segundo plano mientras la carita invadía el mercado global.
RDN con información de NotiPrimicia

