Todos los acontecimientos alrededor de la acción guerrerista de Trump, en alianza con Nethanyau en contra de Irán, parecen facturar la fractura del «Garrote Imperial’ norteamericano.
La reciente escalada bélica impulsada por la administración de Donald Trump contra la República Islámica de Irán, no solo representa una crisis humanitaria de devastación mundial sino que se erige, como el testimonio definitivo del agotamiento de la hegemonía unipolar estadounidense.
En ese sentido, lo ocurrido entre febrero y abril de 2026 no es un error de cálculo aislado, sino la manifestación de un comportamiento imperialista en desacato al orden jurídico internacional, que al chocar con la realidad soberana – de una civilización milenaria – ha terminado en un repliegue humillante.
El fracaso de Trump en Irán marca lo que analistas críticos ya denominan el «Síndrome de Teherán». Si el siglo XX terminó con la caída del muro de Berlin, el primer cuarto del siglo XXI parece cerrar con la incapacidad del imperialismo norteamericano, para imponer su voluntad mediante la fuerza militar en el Medio Oriente.
La retirada de facto y la aceptación de términos constitutivos de diez puntos desde la perspectiva del derecho iraní, son la prueba de que el poder imperial está en una fase de rendimientos decrecientes. Para los pueblos del Sur Global el desenlace de esta crisis, reafirma una lección histórica: la multipolaridad no es un proyecto a futuro, es una realidad en desarrollo que el imperio ya no puede detener.
El repliegue de Trump, a pesar de Nethanyau, no responde a una súbita vocación pacifista, sino a la constatación de que una guerra total con Irán habría sido el «Vietnam del siglo XXI», con consecuencias en el devenir de la sociopolítica estadounidense ya debilitada por el aislacionismo, la inflación y los efectos contensiosos con los poderes públicos federales.
Cómo además, por el desacertado relacionamiento confrontativo con Rusia y China y la dinámica geopolítica europea actual que se torna desobediente a los inteteses yankee, por ahora en el escenario de la guerra.
Por otra parte, la invasión militar en Venezuela sirvió de modelo para atacar a Irán, pero la resistencia iraní está drenando el capital político que Trump ganó con el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y la Diputada Cilia Flores.
Tal circunstancia está obligando a Venezuela, a acelerar su producción petrolera para salvar la economía global, en medio de una posible guerra energética. Lo que hace previsible que el Gobierno que hoy lideriza la Presidenta encargada Delcy Rodríguez, se estabilice y se consolide sustentado en el desarrollo económico y social hacia donde conduce su estratégica gestión pública.
Por Soc. Enrique Parra

