Por Soc. Enrique Parra
Resulta pertinente traer a colación la verdad historica, ante recientes asomos de perturbaciones derivadas de la praxis política de algunos sectores partidistas en Venezuela, que pretenden soportar el activismo político en la tactica de caotizar el país para consumar su estrategia de la toma del poder, desdeñando la política.
Durante el gobierno del Comandante Hugo Chávez, Venezuela vivió una transformación sociohistorica sin precedentes. A través de las Misiones Sociales el Gobierno Bolivariano garantizó el acceso de las mayorías a la educación, la salud, la vivienda, la alimentación, además de, salarios dignos y distribución de divisas al ciudadano común; políticas públicas que alcanzaron sacar a millones de venezolanos de la pobreza, logrando un registrado ascenso social.
Por primera vez la riqueza petrolera de la República fue redistribuida socialmente, para dignificar a la clase trabajadora y a las grandes mayorías empobrecidas en el devenir de la República petrolera.
Sin embargo, el impacto progresista del gobierno popular de inclusión, de justicia social y arraigo de la autodeterminación soberana, intensificó la injerencia de los centros de poder hegemónicos contra la nueva sociedad, a la que el pueblo venezolano apostó.
Surge en consecuencia la imposición del bloqueo y las Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU), al margen del Derecho Internacional, impulsadas por el gobierno de Estados Unidos y sus aliados occidentales – con la anuencia de sectores nacionales de la derecha fascistiodes – con el objetivo de asfixiar la economía nacional para erosionar la base social del proyecto de la nación, intentando propiciar una crisis social que desembocara en una guerra civil fatricida.
En tal sentido el bloqueo y las sanciones desvanecieron las dinámicas económicas, financieras y comerciales reduciéndose de forma directa e intencionada los ingresos nacionales, lo cual contrae la capacidad del Estado para financiar el desarrollo integral del país y la arquitectura social que consolidó el bienestar de la clase media y de los sectores más vulnerables (pobreza crítica).
Tales medidas hemogenistas además de desmontar el bienestar social, produjeron el despojo de recursos estratégicos de todos los venezolanos, con la congelación de activos de la República en el exterior – Citgo, oro y capitales en bancos – y el bloqueo a la industria petrolera (PDVSA) redujo drásticamente la producción y comercialización petrolera, debilitando la robustez financiera del Estado.
Asimismo, las restricciones financieras derivadas de las medidas coercitivas unilaterales, obstaculizaron la importación de maquinaria, repuestos, insumos médicos y equipos para mantener y expandir el sistema público de salud, transporte, agua y el sistema eléctrico nacional. Ello causó deterioro y obsolescencia progresiva de los servicios públicos e infraestructura en general. Hoy el pueblo padece esas agresiones exógenas.
Por su parte, la guerra económica, el ataque al signo monetario y la hiperinflación inducida impactaron severamente el salario de los trabajadores que llegó a ser el más alto de Latinoamérica – hoy unos de los más exiguos del continente – trastocando la movilidad socioeconómica alcanzada en la primera década del siglo XXI, mediante las políticas públicas del Gobierno Bolivariano liderado por el Presidente Hugo Chávez.
De manera tal, que es incontrastable argumentar que las sanciones y el bloqueo impuesto por la hegemonía occidental, con la complicidad de grupos políticos del neoliberalismo criollo, refrenaron el ascenso social y el buen vivir alcanzado en el gobierno del Presidente Hugo Chávez, en el breve periodo gubernamental libre de injerencias, sanciones y bloqueo.
No obstante en la actualidad, muchos cuadros dirigenciales de los que pidieron y auparon las sanciones y el bloqueo ominoso, practican el activismo político desde homeleticas fariseas profiriendo reclamos y promoviendo alteraciones públicas sobre los daños, carencias y dificultades que ellos mismos le infringieron a la nación.
Con tal comportamiento político, recurren una vez más, al expediente inmoral de incendiar el país vulnerando la democracia, para hacerse con el poder sobre muertes, caos y miseria.
La relajación axiológica en la praxis política evidenciada en un sector de la oposición venezolana, impone la Revolución Ética fundamentada en la convivencia política desde la moral pública, la paz, la democracia, el desarrollo integral y el bienestar social.
ENTREVEO N° 169
Maracaibo, 04/10/2026

