Por Soc. Enrique Parra
La base para el Desarrollo Integral en la nueva perspectiva de Inversiones internacionales en Venezuela, a propósito del relanzamiento de la producción de hidrocarburos, está constituída por un trípode fundamental: paciencia estratégica frente a la complejidad, unidad nacional por la paz y la democracia y la soberanía cientifica.
Venezuela se encuentra en un punto de inflexión histórico y necesario es comprenderlo en sus causas y consecuencias. La transición hacia una economía de inversiones extranjeras como está previsto requiere más que solo capital financiero, exige una reestructuración profunda de la mentalidad diversa en torno a lo colectivo, lo común y el alcance sistemático de las capacidades academicas, científicas y tecnológicas del país.
En esa medida perviviran las condiciones para defender la soberanía, la democracia y la autodeterminación del país.
Del mismo modo se impone el Estado Nación, con sus planes de la Patria definidos con viabilidad y factibilidad para garantizar que los recursos financieros se transformen en industrialización, desarrollo integral y bienestar colectivo. Los errores del pasado son elementos, para la reflexión del ¿que hacer?
Por lo tanto, es fundamental activar con la ciudadanía nacionalista el comportamiento político de cohesión social, es verificable que ninguna nación ha logrado un desarrollo sostenido, bajo una fractura social por alta polarización política, degenerada en dogmatismos y necedad ideológica.
La unión nacional —más allá de las diferencias ideológicas validas en democracia— es la aproximación a la amalgamación ciudadana, es el comportamiento social y político que conduce a generar crecimiento económico, con impacto real en la integración y el bienestar social.
De tal manera que los acuerdos público-privado, soportados en la sinergia entre el Estado, el sector empresarial y los trabajadores es vital para reactivar eficientemente el aparato productivo, de cara a las inversiones múltiples que tocan las puertas del país.
El desarrollo socioeconómico de Venezuela no arribará mágicamente, ni solo por un aumento súbito de los precios del petróleo. Solo llegará esta vez, soportado en la capacidad de los venezolanos para formarse, unirse en lo común y protagonizar generacionalmente la evolución de la industrialización, desde los procesos productivos asumidos científica y tecnológicamente.
Se trata entonces, de repensar la sociedad venezolana reivindicando la «otredad», sentir Ser en tanto el otro Es, entender que el progreso del otro es el progreso propio. Convicción humana propiciadora de un orden de seguridad y cooperación para el virtuoso desarrollo humano con fortaleza ética, moral y cívica.
ENTREVEO N° 158
Maracaibo, 10/05/2/26

