En la plaza Baralt de Maracaibo convive la historia y la resiliencia de los vendedores de libros que se niegan a dejar morir la lectura, el amor por los textos y la educación en la región. Armando, Ángel, Martha, Javier y Eleazar son de los pocos vendedores que sobreviven en el casco histórico de la ciudad.
Armando hace cada mañana una selección de los libros que pondrá en exhibición en la acera lateral del Centro de Artes de Maracaibo Lía Bermúdez de cara a la histórica plaza Baralt.
El hombre, de 77 años de edad, acomoda con minuciosidad y paciencia la variedad de ejemplares entre los que destaca la ficción, la poesía y la historia zuliana.

Armando es flexible con la venta de sus libros, no le niega el conocimiento a nadie. Los precios son solidarios, recibe dólares, bolívares y deja a crédito.
La extensa fila de libros alcanza los cinco metros de largo donde Armando y su compañero Ángel exhiben con orgullo sus textos.

A lo largo de los años los vendedores de libros de la plaza Baralt de Maracaibo ya cuentan con clientes fijos quienes pasan horas deleitándose con las obras literarias.
Martha, Javier y su ayudante Eleazar hacen equipo con Armando y Ángel durante la jornada de trabajo.

Los libreros de la plaza Baralt trabajan solo cinco horas al día debido al abandono en que se encuentra la emblemática plaza marabina.
Ángel Zambrano, un ingeniero petrolero de 66 años, se vio obligado hace siete años a desprenderse de algunos de sus libros para sobrevivir.

La pandemia de COVID-19 terminó de lapidar la vida bulliciosa de la plaza Baralt considerada patrimonio regional.

Ángel vende libros de muy buena calidad a muy bajo costo, a veces los deja a mitad de precio a los estudiantes marabinos.

Dalila es artista plástico, para ella los libros son su oxígeno y a veces prefiere comprar textos que comida.

Los vendedores permiten amablemente a sus clientes escudriñar en los textos y los orientan antes de hacer sus compras.

Fuente: Mariela Nava/Crónica Uno
Foto: José Ángel Núñez

