El asesinato de Miguel Uribe Turbay sigue generando conmoción nacional. La Fiscalía colombiana confirmó que el magnicidio de Uribe Turbay fue ordenado por la Segunda Marquetalia.
Este grupo armado, liderado por alias Iván Márquez, habría coordinado el crimen desde Caquetá, utilizando la columna Teófilo Forero como brazo ejecutor del atentado.
La captura de Simeón Pérez Marroquín, alias El Viejo, permitió establecer vínculos directos entre los sicarios y la cúpula de la organización disidente.
El atentado ocurrió el 7 de junio, durante una actividad de campaña en el occidente de Bogotá, dejando al país en estado de alerta.
La Fiscalía vincula a la Segunda Marquetalia con el magnicidio de Uribe Turbay
Aunque el presidente Petro insiste en la teoría de la “Junta del narcotráfico”, las investigaciones apuntan hacia estructuras armadas como la Segunda Marquetalia.
Una hipótesis sugiere que el crimen fue una demostración de fuerza de cara al ciclo electoral del 2026, buscando intimidar a sectores políticos.
Otra línea plantea que José ‘El Zarco’ Sierra, exaliado de Márquez, ejecutó el magnicidio para disputarle el liderazgo dentro de la organización criminal.
Sin embargo, “El Zarco” lo asesinaron el ELN en Venezuela, donde ambos grupos operan en alianza con el gobierno de Nicolás Maduro.
Hasta ahora, hay nueve personas capturadas por el magnicidio de Uribe Turbay, incluyendo intermediarios logísticos y presuntos autores materiales del atentado.
La Fiscalía continúa recabando pruebas que refuercen la hipótesis sobre la participación directa de la Segunda Marquetalia en el crimen.
El caso ha reavivado el debate sobre los límites del proceso de paz y la reincidencia de grupos armados en Colombia.
Además, pone en tela de juicio la seguridad electoral y la protección de líderes políticos en medio de un clima de polarización.
El magnicidio de Uribe Turbay exige respuestas claras y acciones contundentes por parte del Estado colombiano.
La ciudadanía espera justicia, transparencia y garantías para que hechos similares no se repitan en el futuro.
Es urgente fortalecer los mecanismos de inteligencia y protección para candidatos en el próximo ciclo electoral.
Colombia enfrenta una encrucijada: o se impone la paz, o se profundiza la violencia política en sus territorios.

