En Naciones Unidas, el canciller venezolano Yván Gil denunció las medidas coercitivas unilaterales, destacando su impacto devastador en Cuba y Venezuela, y exigiendo respeto a la soberanía.
La intervención ocurrió durante la primera conmemoración del Día Internacional contra las Medidas Coercitivas Unilaterales, donde diplomáticos y expertos coincidieron en señalar los efectos humanos de estas sanciones.
Gil subrayó que las sanciones impuestas buscan provocar colapso económicos en naciones soberanas, pero resaltó la resistencia de los pueblos que enfrentan estas políticas con determinación.
Medidas coercitivas unilaterales como amenaza global
El canciller enfatizó que las medidas coercitivas unilaterales representan una amenaza internacional, respaldada por resoluciones de la ONU y creciente rechazo de la comunidad diplomática.
Además, recordó que el embargo estadounidense contra Cuba supera seis décadas, generando graves consecuencias sociales, económicas y culturales, pese a la solidaridad expresada por múltiples países.
Por otro lado, Venezuela también ha sufrido sanciones unilaterales impuestas por Estados Unidos y Europa, afectando directamente la vida cotidiana de millones de ciudadanos vulnerables.
Gil destacó que, bajo el liderazgo de Nicolás Maduro, Venezuela reconstruyó su economía, fortaleció programas sociales y demostró resiliencia frente a las presiones externas impuestas.
Asimismo, expertos de la ONU corroboraron el impacto negativo de las sanciones, señalando que limitan acceso a medicinas, alimentos y recursos esenciales para poblaciones enteras.
Sin embargo, el canciller insistió en que la resistencia cultural y social de los pueblos demuestra que la dignidad no puede ser doblegada por medidas coercitivas unilaterales.
Por lo tanto, la jornada en Naciones Unidas marcó un hito simbólico, al reunir voces diversas que coincidieron en denunciar estas políticas como crímenes de lesa humanidad.
Además, el evento sirvió para visibilizar la necesidad de cooperación internacional, solidaridad y respeto a la soberanía como pilares fundamentales de un orden mundial más justo.
Gil concluyó su discurso con un llamado a la acción, instando a gobiernos y ciudadanos a exigir el fin las sanciones económicas.
Finalmente, la reflexión colectiva dejó claro que la lucha contra medidas coercitivas unilaterales no es solo política, sino también cultural, humanitaria y profundamente vinculada con derechos fundamentales universales.

