Millones de estadounidenses nacen genéticamente con una predisposición a tener niveles extremadamente altos de un tipo de colesterol que provoca infartos y derrames cerebrales mortales en la mediana edad, aunque estas estas personas casi siempre desconocen su riesgo.
El colesterol se denomina lipoproteína(a), o Lp(a). Al igual que la lipoproteína de baja densidad (LDL o colesterol “malo”), provoca la acumulación de placa en las arterias. Pero la Lp(a) tiene un segundo efecto que la hace aún más peligrosa: provoca coágulos sanguíneos. Y, a diferencia del LDL, es totalmente genética, lo que significa que la dieta y el ejercicio no tienen ningún efecto sobre los niveles de Lp(a).
El resultado es una alta probabilidad de padecer enfermedades cardiacas potencialmente mortales que se dan en familias, cobrando la vida de padres, tíos y hermanos de entre 40 y 50 años.
“Todos los miembros de la familia han tenido un infarto, un ictus, un bypass o una malla [insertada en una arteria] a los 40 años”, explicó el Dr. Steven Nissen, director académico del Instituto Cardiaco, Vascular y Torácico de la Clínica Cleveland, sobre sus pacientes con Lp(a) elevada. “Están muertos de miedo”.
Hasta 64 millones de estadounidenses tienen niveles elevados de Lp(a). Cualquiera puede tenerla, aunque es más frecuente entre personas de ascendencia africana y del sudeste asiático.
Hasta 64 millones de estadounidenses tienen niveles elevados de Lp(a). Cualquiera puede tenerla, aunque es más frecuente entre personas de ascendencia africana y del sudeste asiático.
Los análisis rutinarios de colesterol en sangre podrían detectar la Lp(a), pero no lo hacen, en gran parte porque no existe un tratamiento eficaz. Al igual que ocurre con otras formas de colesterol elevado, la Lp(a) alta no presenta síntomas.
Sin embargo, con varios fármacos prometedores en fase de ensayo clínico, los médicos afirman que la población debe ser consciente del riesgo que corre.
La Dra. Erin Michos comentó que la detección de Lp(a) forma parte de su atención preventiva a los pacientes.
“Para mí, no tiene ningún sentido que no vaya a medirla sólo porque no puedo bajarla, dijo Michos, profesora asociada de Medicina y directora de Investigación en Salud Cardiovascular Femenina de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore. “La mido en todos mis pacientes al menos una vez sólo para saber quiénes la tienen alta porque podemos hacer cosas para reducir su riesgo”.

