En julio de 2018, Dawn Sturgess, una madre británica de 44 años, murió tras exponerse a Novichok, un agente nervioso mortal. El veneno estaba en una botella que parecía contener perfume.
Sturgess y su pareja, Charlie Rowley, fueron encontrados inconscientes en Amesbury, cerca de Salisbury, tras usar el perfume. Mientras Rowley sobrevivió, Sturgess falleció días después en el hospital.
Este incidente ocurrió meses después de que el ex espía ruso Sergei Skripal y su hija Yulia fueran envenenados en Salisbury. Las autoridades británicas señalaron a Rusia como principal sospechoso.
La botella, que había sido desechada, contenía suficiente agente nervioso para envenenar a miles de personas. Las investigaciones revelaron que fue utilizada por los mismos agentes que atacaron a los Skripal.
El abogado de la familia, Andrew O’Connor, afirmó que Sturgess fue víctima accidental de un «escandaloso intento de asesinato internacional». El caso resaltó los peligros del uso de armas químicas.
El gobierno británico emitió órdenes de arresto contra varios agentes rusos vinculados al ataque. Sin embargo, Rusia negó cualquier implicación, calificando la investigación como un «circo» mediático.
El ataque con Novichok, que involucró al gobierno ruso, generó una crisis diplomática entre el Reino Unido y Rusia. A raíz de este incidente, se expulsaron a diplomáticos rusos y se impusieron sanciones limitadas.
El caso de Sturgess subraya los peligros de los agentes químicos y la tensión entre Occidente y Rusia.
AFP/El Tiempo

