
La expresión «nacer de nuevo» está en la Biblia, se lo dijo Jesús a Nicodemo en Juan 3:3 «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios» y es allí mismo, en esta porción de las Escrituras, que encontraremos su significado.
Nuestra reacción más natural es pensar como Nicodemo: «¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?» Pero, obviamente que eso no era a lo que se refería Jesús, no se trata de un nacimiento físico: «Lo que es nacido de la carne, carne es», sino de un nacimiento espiritual, de Dios.

El Señor Jesucristo dice en el v. 5 «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios». Nicodemo, un maestro en Israel, debía conocer el Antiguo Testamento, y en Ezequiel 36:25-27 tenemos una referencia similar: «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré un corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra».
Entonces este nacimiento en primer lugar es «de agua». Esto no es una referencia al bautismo ya que el bautismo no salva, ni añade a la salvación, el agua aquí es más bien una referencia a la Palabra de Dios. Podemos notar en otros versículos de la Biblia cómo el agua nos habla de la Palabra de Dios, como por ejemplo: «Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado» (Juan 15:3); «así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra» (Efesios 5:26). Asimismo encontramos otros versículos que hacen referencia a la Palabra de Dios, la Biblia, produciendo el nuevo nacimiento: «siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre» (1 Pedro 1:22), y también «Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad» (Santiago 1:18). La Biblia es la revelación de Dios, la voz de Dios hablándonos y mostrándonos que somos pecadores delante de Él y que nuestro pecado merece la muerte, pero también nos señala el camino de salvación, el cual es Cristo, y que solamente en Él hay perdón de pecados y vida eterna.

El nuevo nacimiento es «de agua» como ya hemos visto y «del Espíritu». Es el Espíritu Santo quien «convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio» (Juan 16:8), así también Él obra directamente en la salvación, como dice Tito 3:5 «nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo». Cuando la persona cree en Jesús como Salvador el Espíritu Santo viene a morar en la persona, «¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros…?» (1 Corintios 6:19), y también viene a sellar al creyente, «En el también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa» (Efesios 1:13).
También el capítulo 3 de Juan tiene varias referencias a creer en Jesucristo, vv. 15-16 «para que todo aquel que en él cree» (vv. 15-16), «El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios» (v. 18), «El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él» (v. 36).
Si has entendido, por la Palabra de Dios, la Biblia, que eres un pecador y que mereces la condenación, entonces el Espíritu Santo está obrando en tu vida para convencerte de la necesidad de tu salvación, debes creer en Jesucristo como tu único Salvador y su obra en la cruz fue por salvarte, y serás salvo, habrás nacido de nuevo. Recuerda, «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios».
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