El aroma corporal es exclusivo de cada persona. Unos huelen de una manera, y otros de otra. Es por eso que somos capaces de identificar ciertos patrones que nos llevan a pensar que este olor varía con el paso del tiempo.
Hace tiempo que la ciencia avaló el postulado de que no se trata de una cuestión de percepción y que los cambios en el olor corporal de los seres humanos se hace más evidente con el paso del tiempo. Tan es así que suele ser evidente en las personas de la tercera edad.
La frase “huele a viejo” la hemos escuchado más de una vez. Incluso es muy común en los chicos que, con total inocencia, suelen decir «el abuelo huele a viejo», haciendo referencia de forma despectiva a este aroma.
Lo cierto es que un estudio científico publicado hace tiempo en la revista Plos One, titulado «El olor de la edad: percepción y discriminación de los olores corporales de diferentes edades», dio muchas respuestas acerca de él.
Según este estudio, el olor a viejo es algo que todos experimentaremos en algún momento y da cuenta de los motivos: se debe a cambios químicos en la piel que empiezan a hacerse perceptibles a partir de los 40 años y que se van intensificando con el paso del tiempo. También sugiere que la capacidad que tiene el ser humano de captar “el aroma del envejecimiento” tiene una base evolutiva, ya que en el pasado era importante identificar de esta forma a individuos jóvenes y mayores.
OLOR A VIEJO: QUÉ DICE LA CIENCIA
Los científicos atribuyen este característico “olor a viejo” u “olor a anciano” a la degradación de los ácidos grasos insaturados omega-7 presentes en la piel. Esta sustancia es utilizada a modo de protección antioxidante, por lo que cuando se deteriora permite que el ácido lipídico se oxide más rápido.
También definieron este aroma con el término “nonenal”, el cual es una simplificación de la denominación del compuesto responsable del anteriormente descrito (2-nonenal).
