Creer es esencial para ver la presencia de Dios manifestada en el mundo que nos rodea, y nuestras acciones deben estar a la altura de ese nivel de fe.
Ejemplos Bíblicos
Además del ejemplo de la mujer con flujo de sangre, hay otros relatos bíblicos que refuerzan esta idea. Por ejemplo, la historia del ciego Bartimeo, quien sanó porque creyó cuando clamó a Jesús por misericordia. También se destaca el caso del centurión romano, cuya fe hizo que Jesús sanara a su siervo sin siquiera visitarlo. En cada una de estas historias, el creer de los individuos jugó un papel crucial en la manifestación de su sanación.
Kelly K. enfatiza que esta enseñanza no se limita a los tiempos bíblicos. La fe sigue siendo un componente vital en la vida de los creyentes hoy en día. Ya sea que enfrentemos desafíos de salud, problemas financieros o dificultades emocionales, nuestra fe en Dios puede abrir la puerta a milagros y cambios significativos en nuestras vidas.
Al igual que la mujer con flujo de sangre, debemos creer primero en la capacidad de Dios para intervenir en nuestras circunstancias y luego actuar con base en esa creencia.
Acciones
Nuestras acciones son el reflejo de nuestra fe. Si creemos en la sanación divina, debemos actuar en consecuencia, buscando tratamiento y orando por la intervención de Dios.
Si creemos en la provisión divina, debemos trabajar diligentemente y confiar en que Dios suplirá nuestras necesidades. La combinación de fe y acción es lo que nos permite experimentar la plenitud de las promesas de Dios en nuestras vidas.
Kelly K. invita a los espectadores a reflexionar sobre sus propias vidas y a considerar cómo pueden aplicar esta enseñanza. «Piensa en un área de tu vida donde necesitas la intervención de Dios», dice Kelly. «¿Has puesto tu fe en acción? ¿Estás creyendo en las promesas de Dios y actuando de acuerdo con lo que crees?»
La fe sin obras es muerta
En última instancia, la enseñanza de Kelly K. nos recuerda que la fe sin obras es muerta, como dice Santiago 2:17. Debemos tener una fe viva y activa, que se manifieste en nuestras acciones diarias.
Al hacerlo, podemos ver la mano de Dios moverse poderosamente en nuestras vidas, trayendo sanación, provisión y milagros donde más los necesitamos.
Así que, cuando se trata de ser sanados por la fe o por las acciones, la respuesta es que ambas son necesarias. El creer nos conecta con el poder de Dios, y nuestras acciones demuestran nuestra confianza en sus promesas. Juntos, fe y acción, nos permiten experimentar la plenitud de la vida que Dios ha planeado para nosotros.
Noticia Cristiana/RDN

