El término expectativa, es entendido como la posibilidad razonable, la esperanza, la probabilidad, el horizonte de lo posible, de que algo suceda. Esto puede ser una herencia, un empleo, bienestar, o cualquier otra cosa, como por ejemplo conseguir un derecho, cuando tenemos la seguridad de que nos pertenece por ley.
En estos momentos, me atrevo a afirmar, que todos los venezolanos estamos en y con expectativas, porque ese deseo tiene su base en una variedad de sucesos en los cuales los venezolanos hemos participado. Está clarísimo el deseo de cambio socioeconómico, político, ambiental, espiritual… porque como nos enseña la dialéctica de la vida: nada es eterno, todo cambia y se transforma. Esto se escucha en la cotidianidad, en la calle, en el mercado, en el carrito por puesto, en la plaza, en el día a día de los venezolanos.
Ahora bien, también sabemos que las expectativas tienen un efecto psicológico y algunas funciones específicas como, prepararnos para la acción, es decir pararealizar un proyecto de vida. Puede ocurrir que estas esperanzas se vean obstaculizadas por situaciones o factores que tocan intereses particulares de otros, quienes crean todos los mecanismos para para que este cambio no se produzca y todo siga igual o peor. En este caso el efecto es negativo, habrá frustración.
Pero, es que los venezolanos tenemos buenas razones para estar en expectativas, que no se basan en simple deseo, sino que están sustentadas en la realidad. Esto es, nos organizamos, depositamos confianza en nuestros lideres, asumimos la responsabilidad de participar en forma directa en nuestro derecho a elegir y salimos -como Luciérnagas proveyendo luz- donde quiera que hubo oscuridad, a esa convocatoria nacional que se materializo el 28 de julio del presente año con gran éxito.
No obstante, en las últimas horas de ese día, algo nos reventó, como un centellazo y una punzada fuerte, penetrando nuestro corazón y nuestro entendimiento, cuando se nos anuncia algo inesperado, incoherente, que rompió por un momento las esperanzas y nos golpeó por un buen rato, hasta que después, paso a paso fuimos recomponiéndonos.
Hoy, ya a mediados del mes de noviembre, los venezolanos seguimos en expectativas, esperamos que se cumpla nuestra Constitución Nacional, que prevalezca la razón, que finalicen los procesos inacabados, que se respete nuestra voluntad, pero sobre todo, que se entienda que optamos por el cambio para restablecernos y poder, con tranquilidad, planificar nuestras vidas, que de lo contrario tendríamos una población frustrada, dolida, rabiosa, llena de ira, que buscaría salir y escapar incluso a sabiendas de los peligros que pudieran presentarse.
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Hoy los venezolanos nos preguntamos, si es muy difícil comprender e interpretar cuándo debemos irnos porque ya no somos queridos. ¿Es difícil comprender que ya no somos aceptados, que es mejor abrir paso a otros, que no somos los dueños del país y que este se encuentra saturado…?
¿Qué queremos los venezolanos? – sencillamente queremos paz y tranquilidad, queremos poder expresarnos libremente, con respeto, sin temor a ser perseguidos o encarcelados por cuestiones tan subjetivas como el odio. Queremos emprender sin temor a ser expropiados, que los niños reciban la mejor educación y los adultos en mayor bienestar, encontrarnos con nuestras familias y que halla empleo y buena remuneración, que las instituciones funciones y la atención sea de calidad, que no haya corrupción para que los recursos sean bien utilizados, en fin, queremos vivir mejor.
Ahora bien, todos los venezolanos tenemos el 10 de enero 2025 como el despertar del cambio deseado. Tarea que luce muy compleja, dadas las características de Venezuela en materia institucional, sin separación de poderes. Ese día es perfecto para el abrazo de Navidad y del Año Nuevo. Pero, ¿qué sucederá?, no lo sabemos, pero allí está centrada la atención y las expectativas de todos los venezolanos.
Dra. Carmen Rosa Blanco/Educadora

