La Guardia Costera de los Estados Unidos anunció la interceptación en aguas del mar Caribe del buque de carga a motor (M/V) «Grace», una embarcación de 91 metros de eslora (300 pies) que transportaba combustible de manera clandestina hacia Cuba. La operación internacional coordinada, que tuvo lugar en una zona estratégica entre Cuba y México, permitió confirmar que la nave utilizaba tácticas evasivas propias de la denominada «flota fantasma» para eludir las sanciones y los controles internacionales vigentes sobre el suministro de hidrocarburos a la isla caribeña.
Detalles de la operación en alta mar
De acuerdo con el reporte oficial de las autoridades estadounidenses, la interceptación se produjo tras un riguroso seguimiento de inteligencia marítima. Al detectar las maniobras sospechosas y de ocultamiento del buque, un equipo táctico de la Guardia Costera procedió a abordar la nave en aguas internacionales. Posteriormente, el carguero fue escoltado hasta territorio mexicano, donde inspectores de la Armada de México colaboraron en una revisión exhaustiva de la embarcación.
Durante la inspección técnica en el puerto, las autoridades mexicanas confirmaron el hallazgo de grandes volúmenes de combustible ocultos de forma irregular en los tanques de lastre del buque, así como en múltiples contenedores no declarados que transportaba en su cubierta. El almirante Kevin Lunday, comandante de la Guardia Costera de EE. UU., enfatizó la determinación de las fuerzas aliadas al declarar que «alta mar no es un refugio para la ilegalidad», advirtiendo que las maniobras de ocultamiento no impedirán la aplicación de las leyes internacionales.
Contexto del bloqueo energético y la crisis en la isla
Este suceso se enmarca en el asfixiante embargo petrolero y las severas restricciones financieras impuestas por el Gobierno de los Estados Unidos, destinadas a limitar el flujo de recursos energéticos hacia el régimen cubano. La presión sobre el suministro de carburantes en Cuba se ha intensificado de manera crítica en los últimos meses, provocando apagones masivos y un grave deterioro de sus infraestructuras básicas, especialmente tras la drástica reducción de los envíos procedentes de sus aliados tradicionales en la región.
El uso de la llamada «flota fantasma» —embarcaciones que apagan sus sistemas de posicionamiento global (AIS), cambian de bandera o utilizan rutas indirectas y puertos de transbordo logístico— se ha convertido en una de las principales estrategias utilizadas por intermediarios para intentar abastecer de crudo y derivados a la isla. No obstante, la constante vigilancia de las patrulleras estadounidenses en el Caribe y las advertencias de sanciones severas continúan disuadiendo a las empresas navieras internacionales de participar en estas operaciones de transporte.

