
Hoy, cumplo 73 años de vida. Más que acordarme de mí, la que tengo en mi mente, es a Marichon, mi madre. Ella, era hija de Teresa Uraliuu, quién murió de parto, cuando apenas, tenía cuatro lluvias (años). Jesús, primogénito, seguido de Aurot (Aurora) y última fue Aura, todos se marcharon a Jepira (lugar sagrado de almas Wayuu) longevos.
La primera en abandonar, marcharse fue mi madre, con 73, años. Procreo 12 hijos, todos sanos, fuimos recibidos por parteras, comadronas wayuu, excepto dos, que nacieron en hospital. De sus hijos, mis hermanos (tawala) han muerto Ko’olimat, Carlos, Benito (Macho). Este último fue víctima de extraña enfermedad llamada Esclerodermia.
Durante su larga agonía, Marichon fue su cabecera, le dio todos los cuidados que una madre, llena de ternura maternal y luchando contra la muerte que le arrebata a su querido hijo. Esa defensa duró más de dos años. Él, tenía una forma muy especial de amarla, la abrazaba, la levantaba en pesos cómo si se tratara de su hijo. Besos, muy cariñoso, querendón, complaciente con ella, eran amigos y sus formas de comunicarse con ella, muy penetrante, con palabras ubicadas en justos valores, difícil de olvidar.
En su enfermedad transmitía su padecer en las atenciones que día a días le daba. Cuando él muere, el impacto para ella fue tan grande, no pudo superarlo. Ella, quedó impávida, lela, cómo perdida. Lamento continuado, llantos en silencio, no comía y pronto fue desmejorando, hasta que ella murió.
No sufrió de enfermedad, todos sus análisis de salud estaban normales. Mi madre, nuestra madre, murió de pausa, de dolor en su alma, de pesar. Benito (Macho) muere en mis brazos, consciente, me pide que le dé mi bendición y dijo, «vos sois nuestro padre hermano» fue su último aliento, cuando abrió la boca, salió como un aire blanco y nuestra madre vivió ese trágico momento. Ella, dijo «se ha marchado, adiós hijo, pronto estaré con vos» ella, muere el 22-01-2006, un poco más del mes, entre ellos dos.
Esa tragedia familiar fue a finales de 2005 y comienzo de 2006. En ese momento me estrenaba como Diputado en la Asamblea Nacional de la República de Venezuela, le hablaba de mis sueños para con los indígenas y los venezolanos, tratando de animarla, decía que si, su mente estaba empantanada con la muerte de Macho.
La invité a Caracas para que conociera los sitios impregnados de la memoria de nuestro Libertador, ver la cierra del Ávila, comer en restaurante comida alijuna y conocer de la vida de la capital. Nada le llamaba la atención, parece haber terminado su compromiso con sus hijos y con la vida. Fue muy doloroso para nosotros sus hijos.
Aún, no termina el compromiso, no se ha podido realizar su segundo velorio, que es obligación familiar, especialmente de nosotros sus hijos. La pandemia minimizó hasta ahora, ese sagrado eslabón de la cultura wayuu. Tan pronto se pueda, lo haremos para que su Seyuu tome el camino de las estrellas, que es la verdadera muerte para la cultura wayuu, así será. Amén.
Hoy, es mi cumpleaños, me siento muy bien, agradecido con mis padres, y en grado superlativo con María de Jesús García, mi mamá. Mis Dioses iluminen su Seyuu eternamente junto a sus familiares y su semejante.
Aprecio mucho las congratulaciones de familiares, afectos y amigos.
¡Mis Dioses bendigan grandemente sus vidas, siempre!!
ARCADIO MONTIEL

