Por Soc. Enrique Parra
En la revisión de una recurrente lectura, me tope con la hermenéuticamente trajinada tesis respecto de la relación dialéctica, entre Derecho y Poder. Se trata del helénico Platón, quien en su obra «Las Leyes» plantea la distinción entre el buen gobierno y el mal gobierno.
En el abordaje de tal fenomeno político, Platón parte de la premisa siguiente: «¿Es mejor el gobierno de las leyes o el gobierno de los hombres?»
Con base en la inductiva interrogante, el filosofo plantea como respuesta esta conclusión: » Veo pronto la destrucción en el Estado…..donde la ley es súbdita y no tiene autoridad; en cambio, dónde la ley es patrona de los magistrados y estos son sus siervos yo veo la salvación y toda clase de bienes que los dioses dan a los Estados.»
En tal sentido, el buen gobierno está determinado, según Platón, por el gobierno de las leyes, cuya esencia es la supremacía de la ley en contraposición al interés o la pasión del gobernante.
Esta perspectiva en la universalidad del pensamiento político, admite que en la democracia radical, soportada en el Estado de Derecho, el gobierno de las Leyes está antes que el gobierno de los hombres.
Desde luego, el planteamiento propugnado por Platón, en la actualidad resulta utopico. Solo podrá alcanzarse con el hombre nuevo constructor de la nueva sociedad, dotado de valores morales y formado en la ética política.
Se trata entonces, del ser social capaz de protagonizar desde el paradigma de la eticidad la acción revolucionaria y transformadora de valores, mitos y estructuras políticas preexistentes de la sociedad autocrática.
ENTREVEO N° 131/RDN
Maracaibo, 30/03/2025

